La mirada y la curva
Miércoles, 18 de Abril de 2007 (Artículos)
Aunque por el título pueda parecer que este artículo trata sobre una película oriental de artes marciales, o peor aún, que se trate de algún tipo de ralato moto-erótico, en realidad el tema consiste en algo tan sencillo como hacia donde hay que dirigir la mirada cuando vamos en moto. Fácil, ¿verdad?
Pues no es tan sencillo, ya que mucha gente cuando empieza a llevar una moto (y yo el primero de todos) cometemos uno de los errores de novato más típicos: conducir mirando justo delante de la rueda delantera. El miedo a encontrarnos con algún imprevisto en el asfalto, ya sea agua, gasoil, o un simple bache, atenaza nuestra mirada unos metros por delante de nuestra moto, creyendo que así podremos evitarlos a tiempo.
Pero lo que suele ocurrir cuando llega el temido bache es que nos quedamos con la mirada clavada en este, y cuando intentamos coordinar el movimiento evasivo, en el tiempo que transcurre entre que la orden sale de nuestro cerebro hasta que llega a nuestras manos y pies, el bache pasa impunemente, y con toda la mala leche posible, bajo nuestros pobres neumáticos, con la consiguiente sacudida de la moto y el correspondiente cabreo del conductor (y seguramente del copiloto en caso de haberlo).
Entonces, ¿hacia donde hay que mirar? Pues simplemente tenemos que mirar hacia donde queremos ir, no hacia donde vamos. Por algún inexplicable motivo, una moto siempre tiende a dirigirse hacia donde mire su conductor. No importa lo que hagas, ya sea mover las manos, los pies, o bailar una danza regional sobre el asiento, la moto siempre irá hacia donde miras.
El ejemplo más claro de toda esta teoría lo puedes ver los domingos cuando hay carreras de MotoGP en la tele. Si te fijas en los pilotos, estos siempre dirigen la mirada lo más lejos posible, hacia el ápice interior de la curva cuando entran, o hacia la salida de la curva cuando abren gas. Dificilmente verás a un piloto con la mirada clavada en el neumático trasero del que va delante (a no ser que se aburra o se haya dormido).
La próxima vez que entres colado en una curva, en lugar de quedarte mirando fíjamente el árbol de la cuneta, intenta mirar de nuevo hacia la carretera. Es posible que tu moto entre en razón y te obedezca, evitando de esta sencilla manera acabar tu salida dominguera abrazado a un Pinus Sylvestris.
[Nota del Autor: Esta técnica no es infalible. El autor no se hace responsable de sus consecuencias.]